HABITANDO EL ESPACIO ENTRE LO QUE FUI Y QUIEN ESTOY SIENDO
Un tiempo distinto
Después de reconocer que cambiar también duele, aparece un tiempo distinto. No es el del antes ni el del después, sino uno más silencioso, donde ya no reacciono como solía hacerlo y, aun así, no tengo del todo claro cómo quiero responder ahora. Es un espacio sin certezas, sin nombres definidos, pero profundamente honesto. Aquí no hay prisa por llegar; solo la necesidad de quedarme un momento y aprender a estar.
Al llegar a este punto, a veces aparece la euforia. La sensación de que, a partir de ahora, todo va a fluir; de que tomaste la decisión correcta y nada podrá detenerte. Te sientes fuerte, clara, incluso imparable. Pero con el paso de los días esa emoción inicial empieza a disminuir. Sigues leyendo, escuchando y haciendo aquello que te dio el valor para llegar hasta aquí, pero ya no se siente igual que al principio.
![]() |
| A veces avanzar también implica mirar atrás sin volver, y aprender a habitar ese espacio donde todo está cambiando. |
Cuando el proceso no se parece a lo que imaginabas
Y es justamente ahí donde estamos ahora: en un lugar donde ya no eres quien eras, pero todavía no eres quien quieres ser. Hay días buenos, en los que la motivación y el deseo de crecer te llenan de energía. Y otros en los que te sientes estancada, dudas, o percibes que el proceso no se parece en nada a lo que la emoción inicial te hizo creer.
La buena noticia es que no todo depende de cómo te sientas. Con el tiempo descubres que los días buenos empiezan a ser más que los malos, y que sostenerte no siempre tiene que ver con entusiasmo, sino con constancia. En mi experiencia, los pequeños hábitos —levantarse temprano, moverse, leer, aprender algo nuevo— no mantienen viva la euforia, pero sí algo más importante: la decisión diaria de seguir eligiéndote, incluso cuando no se siente emocionante. Entendiendo que el orgullo y el egoísmo también pueden ser formas de cuidado.
Mirarte con otros ojos
A medida que el proceso avanza, también cambia la forma en la que te miras. Ya no desde la exigencia de hacerlo todo bien ni desde la urgencia de “superarte”, sino desde una atención más amable. Empiezas a notar que no necesitas tener todo resuelto para estar avanzando. Que incluso en los días de duda, algo dentro de ti sigue acomodándose, aprendiendo a sostenerse sin volver a los viejos mecanismos que antes te protegían, pero también te limitaban.
Habitar este espacio implica aceptar que crecer no siempre se siente inspirador. A veces se siente plano, lento, sin grandes señales. Y aun así, es ahí donde se construye algo más estable. No desde la intensidad, sino desde la coherencia. No desde el impulso inicial, sino desde la repetición consciente de elecciones pequeñas que, sin hacer ruido, van transformando la manera en la que te relacionas contigo y con el mundo.
Este texto nace como continuidad de duelo a dejar de ser quien eres, porque el proceso no termina en la decisión, sino en aprender a habitar lo que viene después.
No te abandones
Tal vez este tiempo no tenga respuestas claras, pero sí una invitación: la de no abandonarte mientras algo nuevo toma forma. Confiar en que no estás perdida, solo en tránsito. Y permitirte habitar este espacio sin prisa, sin compararte y sin exigirte ser alguien que todavía estás aprendiendo a conocer.
¿Te has reconocido en ese momento en el que ya no eres quien eras, pero aún no sabes quién estás siendo?
Te leo 🤍
@dolunana



Hay que mirar atrás para recordar, pero sin perder de vista lo que hay por delante para hacer.
ResponderEliminar