LA PACIENCIA DEL PAN (Y LA MIA)

ESCRIBO ESTO, EN ESE RINCON DEL DÍA DONDE LA NOCHE TODAVIA NO SE HA IDO DEL TODO.

Vista de una calle vacía al amanecer con una iglesia al fondo, una farola encendida y sombras alargadas de edificios bajo un cielo despejado.
7:30 am. El mundo parece detenido, pero bajo este cielo ya ha comenzado mi cuenta atrás.


Son las cinco de la mañana. Mi despertador rompe el silencio y, con él, se activa esa parte de mí que ya sabe lo que es el cansancio antes de que salga el sol. Todavía faltan tres horas para que entre a la confitería, tres horas en las que el mundo parece estar suspendido y yo, en mi casa, empiezo a prepararme para repetir la rutina de hornos, bandejas y harinas.

A veces, en este tiempo de espera entre mi despertar y el comienzo de mi jornada, me asalta la misma pregunta: ¿Cuánto falta para que mi vida real comience?


EL CRECIMIENTO QUE NO SE VE


A las ocho, cuando finalmente cruzo la puerta de la confitería, el aire ya empieza a oler a levadura. En este oficio he aprendido una lección que me duele y me calma a partes iguales: el pan no crece en el horno; crece antes, en el reposo.

Si intentas hornear una masa que no ha descansado lo suficiente, el resultado es un pan duro, sin alma. El secreto no está en el fuego, sino en la paciencia de dejar que la masa haga su trabajo en silencio, bajo un paño, lejos de las miradas.

Hoy, entiendo que esas horas desde que me levanto a las 5:00 hasta que mi vida parece "moverse" fuera, son mi tiempo de leudado.


LA LUCHA CONTRA EL "MIENTRAS TANTO"


Estoy esperando mi homologación. Estoy esperando respuestas que parecen viajar a paso de tortuga. Y, a veces, la impaciencia me quema más que el calor de los hornos. Siento que el tiempo se me escapa entre los dedos como si fuera harina, que estoy "perdiendo" mis mejores años envuelta en un delantal que no elegí para siempre.


Siento que mi vida real está en pausa y que este trabajo es solo el "mientras tanto".

Pero hoy, mientras veía cómo las barras de pan doblaban su tamaño en la bandeja, he entendido algo distinto: Yo también estoy leudando.


LA FERMENTACIÓN DEL ALMA


Estar en pausa no es estar detenida.

Cuando parece que nada cambia fuera, todo el trabajo está ocurriendo por dentro.


• Estoy aprendiendo a sostener la incertidumbre sin romperme.

• Estoy aprendiendo que mi valor no depende de un título homologado, sino de la fortaleza con la que me levanto cada madrugada.

• Estoy fermentando una paciencia que no sabía que tenía y una resiliencia que me servirá cuando, por fin, llegue a mi destino.


Si mañana me dan el "sí" que espero, no seré la misma Diana que empezó este proceso. Seré una versión más madura, más hecha, más "cocinada".


LO QUE HOY ESTA CRECIENDO EN TI


Sé que no soy la única que se siente en una sala de espera infinita. Sé que tú también puedes estar esperando un contrato, un viaje, una noticia o una sanación que no termina de llegar.

Solo quiero recordarte lo que el pan me enseñó hoy: no estamos estancadas, estamos en nuestro tiempo de reposo. No fuerces el horno. No te castigues por no estar "lista" todavía. Confía en el proceso silencioso que está ocurriendo dentro de ti.


Hoy, un pequeño movimiento —como enviar un currículum o escribir estas líneas— es suficiente. El resto es confiar en que, a su debido tiempo, estaremos listas para brillar.



Y tú, ¿qué sientes que está creciendo en ti en este tiempo de espera?

💭 Te leo en los comentarios.


Escrito por: Diana P. Ortiz C.

Comentarios

  1. Aveces el tiempo suele detenerse y parece que el mañana no llegará pero sin duda alguna no es que el tiempo se detenga, estamos en una preparación para lo que está por venir. Se sin duda alguna que ese si que esperas con tu homologación llegará y en ese momento es por que la vida y Dios saben que estás preparada para brillar y seguir aprendiendo. Insiste, persiste y no desista gracias por compartir tus experiencias.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares