A DONDE QUIERA QUE VAYAS

Migrar y nombrar: tan antiguo como la humanidad.

 La migración existe desde los orígenes de la tierra y la palabra desde el inicio de la civilización, estamos hablando de más de 6.000 años y no fue hasta entonces que la tierra empezó a tener propietarios o administradores de la misma y así mismo la discriminación y la división de derechos de propiedad.

Cuando ser extranjero no depende de cruzar fronteras.

¿Te has sentido alguna vez extranjero, incluso sin haber salido de tu país?
Tal vez fue un acento distinto, una costumbre que no encajaba o una palabra que te hizo sentir fuera de lugar.
Fotografia original de Diana P. Ortiz C.
En transito

A donde quiera que vayamos, siempre existe la posibilidad de ser "el otro". El que no pertenece del todo. El que es mirado, nombrado o reducido a una etiqueta por su origen, sus creencias, su salud física/mental o su forma de ser.

Si somos honestos, todos hemos estado en ambos lados. 
Tú y yo.
Hemos sido víctimas de palabras que duelen... y también hemos pronunciado algunas sin medir su alcance.
Muchas de esas palabras parecen inofensivas. Incluso graciosas. Se dicen en tono de broma, se repiten porque "siempre se ha hecho así". 

Un ejemplo de esto es que:
No importa de donde seas, donde llegues encontraras frases como: llamar a un latino gallito, veneco a un venezolano, o godo a un español y así infinidad de palabras que usamos para referirnos a un migrante.

Nombrar también es una forma de responsabilidad.

Quizás nunca lo hicimos con mala intención. Quizás solo imitamos lo que escuchamos. Aun así, las palabras no pierden su peso solo porque no quisimos herir.
No importa nuestro origen, nuestras creencias, nuestro aspecto físico ni nuestra personalidad: siempre estaremos expuestos al juicio ajeno. Pero también somos responsables de cómo nombramos a los demás.

Por eso, la próxima vez que una de esas palabras llegue a tu mente o a tu boca, detente un instante. Pregúntate como te sentirías tú si te definieran de la misma manera.
No se trata de caminar con miedo, sino con conciencia. Porque a donde quiera que vayas, las palabras también viajan contigo.

¿Alguna vez una palabra te hizo sentir fuera de lugar?
Te leo en los comentarios o si prefieres escríbeme en instagram @dolunana

Diana P. Ortiz C.

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