LA CARRERA DE LA VIDA: ¿LA TUYA, LA MÍA O LA NUESTRA?
Cuando esperamos demasiado de los demás
Durante mucho tiempo creí que, si entendía a los demás, ellos harían lo mismo conmigo. Que si era empática, justa, paciente, recibiría eso de vuelta. Pero no funciona así. Aunque sabemos que todos somos distintos, seguimos esperando que los demás actúen como lo haríamos nosotros. A veces incluso esperamos que actúen mejor con nosotros de lo que nosotros mismos lo hacemos con ellos y con nosotros. Y cuando eso no pasa, duele. No siempre lo decimos, pero duele.
Con el tiempo he entendido que muchas de mis frustraciones no nacían de lo que el otro hacía, sino de lo que yo esperaba. De medir a los demás con mi forma de sentir, de amar, de estar. Y en ese intento constante de comprender, de sostener, de no incomodar… empecé a desaparecer un poco.
Las pequeñas muertes que nos devuelven a nosotros
Se muere muchas veces en la vida. Se muere cuando aceptas que no todos pueden darte lo que tú das. Se muere cuando sueltas la idea de que, si haces más, te querrán mejor. Y aun así, lo menos importante termina siendo la muerte. Porque cada una de esas muertes te devuelve a ti.
No estoy en la carrera de nadie más
He aprendido —no sin resistencia— que nadie es mejor que yo en ser yo. Que no existe otra versión igual, y que mis imperfecciones no son algo que corregir, sino algo que entender. Son parte de mi historia, de lo que he vivido, de cómo he llegado hasta aquí.
Durante años me comparé. Con tiempos ajenos, con procesos que no eran míos, con avances que parecían más rápidos, más claros, más seguros. Hasta que entendí algo simple, pero difícil de aceptar: yo no estoy en la carrera de nadie más.
Mi único punto de referencia soy yo misma. No se trata de perfección. Nunca lo fue. Se trata de progreso. De ser hoy un poco más honesta que ayer. De equivocarme y aprender. De caer y no traicionarme en el intento de levantarme.
La gratitud como punto de equilibrio
Cuando dejo de compararme, aparece la gratitud. Y cuando agradezco, algo se ordena por dentro. La verdadera riqueza no está en acumular ni en demostrar, sino en reconocer lo que ya hay. La gratitud transforma lo que tengo en algo suficiente, y desde ahí, todo pesa menos.
Durante mucho tiempo busqué la felicidad fuera. En metas, en validación, en el “cuando todo esté bien”. Hoy empiezo a entender que la felicidad no es un destino, sino una forma de caminar. Una que se construye cuando acepto lo que tengo ahora, cuando dejo de pelear con el presente.
Volver a uno mismo
Y la libertad…
la libertad no llega.
Se recuerda.
Para ti que lees esto
Tal vez hoy también estás midiéndote con otros.
Tal vez estás exigiéndote ir más rápido, hacerlo mejor, ser distinto a quien eres ahora.
Si algo de esto resonó contigo, ojalá puedas detenerte un momento y preguntarte: ¿con quién estoy compitiendo realmente?
No todos avanzamos igual. No todos cargamos lo mismo. Y aun así, cada paso que das —aunque sea pequeño— cuenta.
Quizá no se trata de llegar antes, sino de no perderte en el camino. De agradecer lo que ya has recorrido. De volver a ti.
Y si hoy decides compararte menos y escucharte un poco más, entonces ya estás avanzando.
@dolunana



Comentarios
Publicar un comentario