UNA VIEJA PANDEMIA... "LA GUERRA"

Cuando escucho acerca de las protestas pro-palestinas y que jóvenes israelíes están siendo atacados por sus propios compañeros de universidad, me hace reflexionar sobre el odio y su alcance...

El odio como el virus que provoca la guerra, generando la única pandemia por la que no nos hemos preocupado lo suficiente como para hallarle una cura o vacuna resistente a este virus, virus que existe casi desde la misma existencia de la raza humana, virus que ha acabado con más vidas que cualquier otra enfermedad en la historia, virus latente en el ambiente el cual se respira todos los días.

El odio entra en nuestro organismo como algo tan inofensivo como el querer jugarle bromas a otra persona que creemos inferior o diferente a nosotros, tan inofensivo como el hablar mal de otra persona, tan inocente como el empujar al niño que no nos deja jugar con él o tan simple como no aceptar una opinión diferente a la tuya; sin embargo, con el tiempo el virus va evolucionando y sin darnos cuenta empezamos a sentir que algo arde dentro de nosotros buscando así cualquier motivo para descargarnos con otras personas.

Como pequeño ejemplo de esto... Vemos la injusticia que se esta viviendo en Palestina y Ucrania por la guerra provocada por Israel y Rusia, guerras que iniciaron como consecuencia del odio. Al ver esto empezamos a tomar bandos y a tomarnos la guerra como si fuera nuestra, no digo que este mal el simpatizar con aquellos que están sufriendo como consecuencia de esta; lo que esta mal es que en lugar de buscar y generar paz, generamos más odio por una nación o personas originarias de aquella nación como si fueran ellos los responsables de la guerra, esta mal que usemos el sufrimiento que están viviendo aquellas personas solo para generar más dolor y odio.

Este virus invade primero nuestro cerebro, allí se aloja enviando sus toxinas al corazón, pulmones, sistema digestivo y riñones; la respuesta de nuestro cuerpo es tratar de sacarlo o más bien compartirlo con el mundo. La única cura conocida y que a pesar de no eliminar el virus en su totalidad logra aplacarlo, es el AMOR, sin embargo, debemos estar recibiendo dosis de esta todo el tiempo ya que, tiende a ser muy frágil ante cualquier estimulo de odio (injusticias, traición...)

Parece idealista o romántico el pensar que el amor sea la vacuna que necesitamos para curarnos o  inmunizarnos ante el virus del odio; pero, sin él este mundo esta destinado a auto exterminarse, cuando pienso en todo lo que causa el odio siento un dolor en mi pecho y un nudo en mi garganta que solo sale a través de mis lagrimas, recuerdo que mi madre siempre me decía que no viera aquellos videos en los que se provocada una injusticia porqué siempre terminaba llorando; y aún con casi 30 años, lloro como niña chica al ver todas las injusticias que se están dando en la actualidad.

Lo realmente triste es que consideren el amor como una debilidad, debilidad de la cual se aprovechan. Sin embargo, lo que realmente nos vuelve débiles es el mismo odio, que bloquea nuestra autonomía, razonamiento y humanidad, respondiendo a la violencia con más violencia, al daño con más daño y al dolor con más dolor y lo peor es que no siempre con la misma persona que nos provoca.

Estamos en tiempos de guerra y todos quieren tomar bandos, los más nobles se van por aquellos que son más débiles y quienes han sido más afectados, solo recuerden que quienes iniciaron la guerra son los dirigentes de aquellos países y no sus ciudadanos, somos todos en contra de la guerra no todos contra todos. No todo israelí es asesino, ni todo ruso lo es, ni siquiera deberíamos juzgar a los soldados que siguen ordenes, pues ellos también son hijos, padres y hermanos. 

Sí lees esto y te identificas, te invito a compartirlo y a protestar desde el AMOR y la CONCIENCIA, reconociendo la HUMANIDAD de todos, recuerda... somos todos contra la guerra no los unos con los otros, no tomemos la guerra como nuestra.

Diana Ortiz C.



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