PARÁBOLA DEL SEMBRADOR
Seguramente han escuchado de la "parábola del sembrador" en la cual se relata la historia de varias semillas que al ser lanzadas por el jardinero, no cayeron todas en tierra abonada; por lo contrario, una cayó entre piedras, otra entre espinas y cardos y la última sí cayó en la tierra previamente preparada para ella. la parábola se centra en que las que cayeron en lugares tan escabrosos no crecieron bien y se marchitaron al no ser nutridas ni abonadas correctamente, mientras que la que cayó en tierra buena, fue abonada y nutrida hasta convertirse en el olivo más preciado.
Lo mismo pasa con nosotros, algunos caen en buenos terrenos, con todo a su favor; mientras otros caen en pantanos, pedregales, cardos o a un lado del camino; donde no cuentan con todos los recursos para crecer y formar raíces tan fuertes como para sostenerse; sin embargo, sin importar el terreno en el que nos siembren, debemos aprovechar lo poco o mucho que tengamos a nuestro alrededor para fortalecer nuestra raíz y así crecer con un tallo fuerte, dando el mejor fruto posible; podremos crecer y florecer tanto o más que aquel olivo sembrado en buenas tierras, depende estrictamente de como decidamos aprovechar nuestro terreno.
Un pantano por ejemplo, puede parecer el peor lugar para crecer, sin embargo, allí podemos encontrar arboles tan grandes como cualquiera en tierra seca. No siempre es el lugar de donde procedemos o donde nos encontramos, si no, que tan alto queremos llegar y que tipo de fruto deseamos dar al mundo; podemos también ser arboles que den sombra y amparo a otros, o podemos hacer de nosotros un hogar y refugio para alguien más; al igual que los arboles nosotros podemos dar fruto o servir a otros con nuestros dones (ramas, hojas y hasta nuestro tallo) y no significa que debamos ser destruidos, significa que podemos transformarnos, evolucionar y reconstruirnos.
Diana Ortiz C.



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